
Por ELVIA ANDRADE BARAJASCIUDAD DE MÉXICO — 7:17 de la mañana del 20 de septiembre de 1985 la capital del país amanecía entre el ruido de los camiones, el olor a pan recién horneado y la prisa habitual de un jueves cualquiera. Nadie imaginaba lo que estaba por ocurrir.
7:17:49, una vibración profunda sacudió el suelo. Al terminar el movimiento telúrico, el violetero que estaba sobre la televisión cayó al piso, igual que varios edificios en Tlatelolco, la Alameda, Paseo de la Reforma, Tepito, la Basílica de Guadalupe y decenas de colonias y comunidades.
En la Alameda, muchos hoteles se vinieron abajo, entre ellos el Hotel Continental, donde cada noche “llovían” luces al concluir el show de Olga Breeskin.
El Hotel del Prado, escenario de las presentaciones de “las bellas de noche” como Lyn May, quedó destruido.
El terremoto atrapó a miles; muchos murieron sin darse cuenta.
Hospitales, iglesias, condominios… casi todo se vino abajo. La ciudad parecía hecha de papel. Por doquier había escombros, gemidos, polvo suspendido en el aire que no terminaba de caer, como si narrara la estrepitosa caída de la capital.
Los reporteros de guardia de El Universal, entre ellos Juan Arvizu, contaron que mientras bajaban las escaleras para salir del periódico con sus cámaras, vieron cómo se desplomaban los edificios de enfrente.
En Televisa, los presentadores intentaron calmar a la población, pero la transmisión se suspendió: su edificio también se derrumbó.
El epicentro, frente a las costas de Michoacán, liberó una energía equivalente a más de mil bombas atómicas. La magnitud: 8.1.
La onda S llegó a la capital a las 7:19, y con ella, el caos.
Edificios enteros se doblaron como si fueran de cartón. En la colonia Roma, estructuras de ladrillo se partieron en dos y se desprendieron del suelo.
El Hospital General, el Hospital Juárez y el Centro Médico Nacional del IMSS colapsaron, dejando cientos de muertos entre pacientes, médicos y recién nacidos.
En Tlatelolco, el edificio Nuevo León se vino abajo en secciones completas, atrapando familias enteras y convirtiéndose en símbolo mediático de la tragedia.La ciudad quedó sin luz, sin agua. Sin voz.
Solo había llantos y lamentos.
Más de un millón de usuarios se quedaron sin electricidad.
La red de agua sufrió miles de fracturas, incluso con presencia de sangre en las tuberías por la contaminación de los derrumbes.Ante la escasez, la población acudió a los registros y fuentes públicas para extraer agua, formando largas filas.Las comunicaciones telefónicas desaparecieron casi por completo.
Entonces no existía el celular: el teléfono era alámbrico, fijo y escaso.
El país quedó incomunicado por horas.
Mientras el gobierno tardaba 36 horas en dirigirse a la nación, la sociedad civil se organizó sin esperar instrucciones: vecinos, estudiantes, médicos, scouts y voluntarios formaron cadenas humanas, improvisaron campamentos y comenzaron a rescatar vidas con las manos.
Allí nacieron Los Topos, símbolo eterno del rescate civil mexicano.La réplica del 20 de septiembre, de magnitud 7.5, terminó de derribar estructuras debilitadas y profundizó el trauma colectivo.Cifras del desastre
El terremoto de 1985 dejó una huella que aún hoy se estudia y se discute.
Epicentro: costa de Michoacán, cerca de Lázaro Cárdenas
Duración: entre 1:30 y 2 minutosMuertes oficiales: 3,192Estimaciones civiles: más de 20,000, basadas en desaparecidos nunca encontrados250,000 personas perdieron su casa900,000 fueron obligadas a abandonar sus hogares412 edificios destruidosMás de 5,700 afectadosMás del 30% de la capacidad hospitalaria quedó en ruinas1,280,000 viviendas con servicios afectadosMás de 7,000 fugas en la red de aguaIncomunicación telefónica total en la capital y varios estados32 estaciones del Metro afectadas
Entonces el presidente era Miguel de la Madrid.
El PRI gobernaba casi todo el país y México se preparaba para el Mundial de Futbol de 1986.
No existía una cultura antisísmica.
El gobierno fue lento, descoordinado, con énfasis inicial en vigilancia más que en rescate.
Las montañas de escombros, entre las que se escuchaban lamentos y voces de “auxilio”, dieron lugar al nacimiento de los Topos, voluntarios rescatistas cuya principal herramienta era el silencio y la solidaridad de miles de civiles que quitaban piedra por piedra para llegar al latido de un corazón o al susurro de una voz.
Hubo también abusos.
Como la mujer que se formó en la fila de familiares de víctimas para reclamar una casa e indemnización.
La vida le cobró caro su osadía.Entre llantos y arrepentimiento, confesó al Ministerio Público:
“Conocí a ese hombre en una fiesta y lo invité a seguirla en mi casa, esa casa que me dieron en Avenida del Trabajo, tras el terremoto de 1985.
Todo iba muy bien, hasta que empecé a sentir frío. Abrí los ojos y vi todo vacío. Ningún mueble. Nada.
Ese hombre me sedujo y me robó todo, así como yo me robé esa casa”.
Las historias del terremoto son interminables y desgarradoras, como la de la pareja que peleaba en el Hotel del Prado. Él, harto, le gritó a su esposa celosa: “Ojalá te mueras”.
Minutos después tembló.
Ella quedó atrapada en el baño.
El hombre lloró desconsolado. Su imagen apareció en las portadas de los diarios capitalinos.
Análisis de la UNAM: la ciencia detrás del desastre
A 41 años del terremoto, el análisis técnico del Instituto de Geofísica y el Instituto de Ingeniería de la UNAM, publicado el 25 de septiembre de 1985, sigue siendo clave para entender la tragedia.
1. La ciudad como caja de resonancia
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